Amor y Odio

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Texto Juan Hernández                                                             Fotografía Ruben Camarillo

El amor y el odio son dos sentimientos tan similares, que inclusive llegan a estar conectados en muchas ocasiones.

¿Alguna vez han odiado y amado a alguna persona al mismo tiempo? Podrán decirme loco, pero eso me pasa a diario con Andrea Cardona, una chava de 20 años que acaparó todos mis reflectores desde el primer día en que la vi.

Amo su físico. Amo su estatura de 1.60 metros, su complexión delgada y esa perforación en la nariz que atrae mi mirada en cuestión de segundos. Amo sus ojos negros que brillan cada que la veo fijamente, los cuales hacen perfecta combinación con su tono de piel morena. Amo su sonrisa, sus berrinches y la manera en la que frunce el ceño cada que se enoja. Adoro esa cicatriz en la rodilla, cada uno de sus tatuajes… inclusive amo todas sus imperfecciones.

Amo su forma de ser conmigo, tan cariñosa y en ocasiones apasionada. Esas bromas que en los momentos más amargos me sacan una sonrisa y evitan que explote en cualquier momento. Adoro sus lágrimas, ese momento en donde esa mujer tan fuerte abre sus puertas y se convierte en una de las personas más frágiles que te contagia de solo verla.

Esas mismas cosas que me hacen amarla día a día, son las mismas que me hacen odiarla en ocasiones. Odio que sea así con todos, porque eso me hace sentir uno más de su larga lista de pretendientes. Odio las veces que se enoja, cuando no es capaz de admitir un puto error y ese orgullo que lo tiene hasta las nubes no le permite pedir una disculpa. Odio que quiera hacer sentir mal a uno de las cosas que hace ella. Principalmente, odio todas sus mentiras.

Lo que más odio es tener que esperar ese momento, ese que tú mismo sabes que nunca llegará, pero te hace ilusión el solo pensarlo, en el que se dé cuenta que tú siempre has estado ahí con ella. Ese día en que valore todo lo que haz sufrido, todas esas desveladas en las que sin darse cuenta haz hecho hasta lo imposible por sacarle una sonrisa que a los cinco minutos se le borra.

Odio tener que luchar contra fuerzas que van más allá de lo que uno puede y debe enfrentar. Esa maldita barrera, malamente conocida como novio, que la mantiene cegada y me despoja de cualquier posibilidad con ella. Odio tener que conformarme como un amigo que la consuela en los momentos más difíciles, pero a la vez amo estar cerca de ella, manteniendo esa hermosa sonrisa que me contagia de solo pensar en ella.

Es cierto, la amo y la odio. Son dos sentimientos similares, porque al fin de cuentas siempre la tengo presente. Es ese tipo de mujer que nunca puede pasar desapercibida.

Bien dicen que del odio al amor sólo hay un paso, pero del amor al odio hay uno más pequeño.

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