Encuentro

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Texto Juan Hernández        Fotografía Ruben Camarillo

Sin importar cómo pueda terminar está estúpida y romántica historia, amor, puedo asegurar que soy una de las personas más afortunadas que existen. Pude ver en una persona “normal”, a esa mujer considerada “perfecta” para muchos.

A pesar de una gran lluvia de críticas y miles de comentarios negativos hacia ella, Valeria Milán era mi prototipo de mujer perfecta. Mientras la mayoría la veía con ojos de lujuria y deseo, yo podía ver algo más allá de un extraordinario y atractivo cuerpo. No sabría decirles qué, ni el mejor poeta del mundo podría explicarles este sentimiento tan profundo, que de tan sólo ponerlo en papel, me hace recordar cada uno de los momentos que pasé a su lado.

No era una mujer de otro mundo, o al menos eso aparentaba. Estatura promedio, cabello negro y ojos negros. Siendo honestos había mujeres mucho más bonitas físicamente, pero este sentimiento iba mucho más allá del deseo sexual. Realmente ni yo mismo me explico qué fue lo que pasó, simplemente se suscitó.

En ese cuerpo, tan normal, obtuve una ternura inexplicable, esa misma que te lleva a hacer cosas impensables con tal de verla sonreír. En ese cabello largo, con tan sólo tocarlo, podía viajar a cualquier parte del mundo y sentir ese gigantesco corazón. Cada uno de sus latidos te hacían sentir cerca de ella. En esos ojos negros, pude ver su interior… esa mirada tan penetrante que así como podía hacerte sentir el hombre más dichoso del mundo, también podía hacerte sentir el más miserable.

Encontré a aquella mujer perfecta. Con el paso del tiempo lo pude ir comprobando. Fui afortunado de tener a esa mujer tan sensible, que por más que quisiera hacerse la fuerte, sabía perfectamente bien cuando se moría por dentro.

No les puedo decir lo que ella sentía por mí. A lo mejor no era nada más que amistad, o a lo mejor era un poco más que eso…

Recuerdo y sigo amando todos esos momentos con ella. La persona que soy cuando estoy a su lado. Con tan solo verla desde su ventana, escucharla cuando canta o simplemente observar cada una de las tonterías que realiza, hacen que me comporte como un niño.

Los cientos de kilómetros que nos separa hacen de esto un hermoso e inalcanzable sueño, porque para ser sinceros, mi vida, parece prácticamente imposible. No me quiero cerrar a nada. Ella me enseñó que nunca puedes asegurar lo que vaya a pasar.

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